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S. S. el Papa Francisco habla de la Paciencia, el sufrimiento y la falta de alegría de los cristianos

7 may

Grandes verdades dichas con sencillez y en un tono pausado y humilde, en sólo noventa segundos (un minuto y medio):

https://www.youtube.com/watch?v=Kl0sIUfvEcw

Crucifixión blanca, de Marc Chagall, un cuadro que le gusta al Papa Francisco

8 abr

En el libro El Papa Francisco. Conversaciones con Jorge Bergoglio, (Ediciones B, Barcelona, 2013; 192 págs.; 15 euros)  reedición de la publicación que en 2010 hicieron Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti al hoy Santo Padre, entonces Cardenal Arzobispo de Buenos Aires, el Papa habla de este cuadro favorablemente, en una reflexión en torno al dolor humano, que, según él, se vive en plenitud si se une al sufrimiento de Cristo.

Comentarios por Iker Landeta, experto en arte, en audio, en el programa de Radio Euskadi dedicado al arte.

Reseña del libro en El Cultural (29 marzo-4 abril 2013), pág. 23.

Parábola de los viñadores infieles (Bíblico) [Pasionistas de Colombia]

28 mar

Según las estadísticas del blog, muchos visitantes proceden de Colombia, hermoso país que comparte nuestra lengua.

Por eso vamos a enlazar hoy un comentario sobre la parábola de los viñadores infieles, realizado por los Pasionistas de Colombia. Un ejemplo de lectura orante de la Biblia. Aquí la tenéis.

En estos días pascuales, sed buenos… si podéis, como diría Don Bosco.

 

98.- La parábola del sembrador. Éxito y fracaso. (P. Guillermo Juan Morado)

16 jul

Hoy dejamos hablar (con una semana – o algo más- de retraso) al Padre Guillermo Juan Morado, autor de esta homilía que sirve para el Domingo XVI del Tiempo ordinario (Ciclo A), y para cualquier momento de meditación.

 

http://infocatolica.com/blog/puertadedamasco.php/1107090412-el-exito-y-el-fracaso

89.- Carnet de católico o medidor de la fe…

30 dic

Del comentario a las lecturas de ayer, que he leído en la web de la Archidiócesis de Madrid, entresaco un duro párrafo que nos tendría que hacer reflexionar:

Siempre me ha asombrado la gente que se dice “más cristiana” (lo del medidor de la fe aún lo estoy buscando), y eso significa que se enfada más, que es más intransigente y falta más a la caridad. Sólo hace falta acercarse a los comentarios de muchas webs religiosas -que se van convirtiendo en una especie de escupidera gigante-, para darse cuenta que muchos consideran ser más cristiano con amar menos al prójimo. “Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.” Quien falta a la caridad, aún en nombre de la “ortodoxia”, no va por buen camino. En la vida nos encontraremos con santos y pecadores (seguramente pongamos peor a los santos), y si somos fieles a Cristo muchas veces seremos bandera discutida, pero no por faltar a la caridad, sino por proponer la vida de Cristo, que es posible para todo hombre que se deje iluminar por la gracia de Dios y escuche un poquito al Espíritu Santo.

86.- San José, el santo del silencio

18 dic

84.- Guillermo Juan Morado, La humanidad de Dios. Meditaciones sobre Jesús, el Señor (Ediciones Cobel)

14 dic

Don Guillermo Juan Morado acaba de publicar un nuevo libro. Se titula La humanidad se Dios. Meditaciones sobre Jesús, el Señor.

En estos tiempos, se publican a diario muchos libros, los portales de Internet nos “bombardean” con páginas y páginas de información de diversa calidad, los blogs son una especie en rápido crecimiento demográfico, la prensa digital de todo el mundo está a nuestro alcance desde el hogar. En definitiva: la cantidad de información a nuestro alcance resulta abrumadora. ¡No hay tiempo para leerlo todo, ni siquiera para leer una mínima parte de lo que concierne a nuestros intereses personales y profesionales! Por eso es necesario elegir bien, seleccionar con prudencia las lecturas. La vida es breve, y hay mucha literatura-basura flotando por ahí…

Este libro de Don Guillermo Juan Morado es de los que verdaderamente merecen la pena. En primer lugar, porque es el fruto de un trabajo constante, diario, de reflexión espiritual y de labor pastoral. En segundo lugar, porque en él se realiza una “lectura orante” de la Biblia y de la persona de Jesús (de ahí el subtítulo). Y en tercer lugar, pero no menos importante, por la capacidad del autor para sintetizar con un lenguaje preciso y a la vez didáctico sus amplísimos conocimientos teológicos, ya demostrados en anteriores publicaciones.

Don Guillermo Juan Morado

También demuestra asiduamente (con un esfuerzo añadido a sus muchas responsabilidades docentes y pastorales, pues es Director del Instituto Teológico de Vigo, donde imparte docencia, y ejerce su labor pastoral en la Parroquia de San Pablo de Vigo) en su blog La puerta de Damasco. En esta “parroquia virtual” sui géneris (pues lógicamente no se celebran los sacramentos a través de un blog, pero sí se forma una comunidad y una comunión en la oración) han visto a la luz algunas de las reflexiones que se contienen en La humanidad de Dios, publicación que, afortunadamente para nosotros, pronto tendría una segunda parte.

El libro se estructura en seis partes: “La cercanía de Dios”, “las palabras y los signos”, “el Siervo doliente”, “muerte y vida”, “testigos de su amor” y “Uno de la Trinidad”. En total, presenta treinta textos sobre Jesús, Dios hecho hombre para participar en nuestra historia, para personificar el misterio de Dios, para cumplir la voluntad del Padre hasta la Cruz, para traernos la salvación.

La editorial Cobel, que publica el libro, nos ofrece en su web una muestra, concretamente la primera meditación del apartado segundo: Las palabras y los signos. Se titula “El signo de Caná”. Si es cierto el dicho popular de que “para muestra basta un botón”, leyendo estas tres páginas nos damos cuenta perfectamente del carácter de estas reflexiones: claridad expositiva, abundantes citas de la Biblia, en las que se ve cómo todo encaja a la perfección en la Palabra de Dios, conocimiento orante de los Padres de la Iglesia y del Magisterio más reciente, y una visión espiritual de la vida y del ser humano.

El precio (3,5 €) de estas cien páginas no desanimará a nadie que quiera disfrutar de la doctrina del Padre D. Guillermo Juan Morado, que es lo mismo que decir la doctrina de la Iglesia Católica.

¡Gracias por hacer fructificar así de bien sus talentos, Don Guillermo!

83.- Edición oficial de la Biblia (Conferencia Episcopal Española)

14 dic

La Biblia, la Palabra de Dios al hombre. Dios mismo revelado a través de la Palabra, a través de su Hijo.

La nueva edición ha sido presentada en la sede de la Conferencia Episcopal Española, con ilustradoras palabras de sus responsables, que reflexionaron sobre la Sagrada Biblia en la tradición cultural castellana y universal.

Aquí se pueden leer las tres intervenciones.

 

67.- Parábolas de conversión y perdón. (Comentarios bíblicos).

4 nov

- El fariseo y el publicano (reconocer nuestro pecado) Lc.19, 10-14

- Los dos hijos (conversión) Mt.21, 28-31

- La higuera estéril (un Dios paciente y apremiante) Lc.13,6-9

- Los dos deudores (amor con amor se paga) Lc.7, 36-50

- El siervo sin corazón (perdón con perdón se paga) Mt.18, 23-35

- La oveja descarriada (Iniciativa amorosa del Padre) Lc.15, 4-7

- El hijo pródigo (Regresar al Padre misericordioso) Lc.15, 11-32

EL FARISEO Y EL PUBLICANO
Reconocer nuestro pecado.

Lucas 19, 10-14


En esta parábola del fariseo y el publicano la parte ostentosa y “mala” la hace un hombre que según la Ley era “bueno”, justo y cumplidor de la Ley.

La parte buena, regia, admirable, la hace un hombre que traficaba con su oficio, un recaudador de impuestos que se beneficiaba con las trampas y el chantaje.

Jesús presenta los hechos de tal manera que nos molesta el hombre justo puesto odiosamente de pie ante el altar y nos resulta en cambio agradable el hombre pecador que se golpea el pecho en el fondo del templo reconociendo su pecado.

En la parábola del hijo prodigo, ocurre algo semejante. El hijo menor, que abandona a su padre y malgasta sus bienes en una vida libertina, es el héroe de esta parábola. En cambio el hijo mayor que aparentemente es bueno, que es fiel a su padre, termina haciendo un papel mezquino.

En la parábola de la oveja descarriada es precisamente ésta el objeto de toda la fiesta. Las noventa y nueve no le dan al pastor tanta alegría.

En la parábola de los obreros de la viña, reciben una dura amonestación los que han trabajado todo el día. Los otros, los últimos, fueron pagados primero y con el mismo salario de los demás.

En la parábola del buen samaritano, el levita y el sacerdote, que llevan una investidura sagrada, se comportan sin corazón ante el herido. En cambio el papel de la perfecta caridad lo hace un pagano.
DESPERTAR EN NOSOTROS LA CONCIENCIA DEL PUBLICANO.
Nos presentamos como los más justos, los virtuosos y más honorables que los demás. Aceptar que somos pecadores y que estamos en un camino de conversión
Aceptar en lo íntimo de nuestro ser que somos pecadores.
Sin embargo, ser un “buen publicano” implica un paso de conversión: reconocer el pecado y actuar para vencerlo.


LOS DOS HIJOS
Conversión.

Mateo 21, 28-31


Sentido histórico de la parábola

Tiene un sentido histórico muy preciso: la clave la da la advertencia que dirige Cristo a los sacerdotes y ancianos del pueblo: Les aseguro que los publicanos y las mujeres de mala vida llegarán antes que ustedes al reino de los cielos.

Los dos hijos representan dos tipos de personas: los fariseos, escribas y príncipes de los sacerdotes por un lado; y los pecadores y publicanos por otro.

Estos, después de resistir a Dios, se convierten y se someten a El. Los otros, diciéndose justos, no cumplen la voluntad divina. Esta es la razón de por qué los “pecadores” precederán a los “justos” en el reino de los cielos.

Junto al sentido propiamente histórico, la parábola desborda otro sentido más universal e intemporal. Y es el sentido que nace, al margen del contexto, de la actitud en sí y por sí, asumida por los dos hijos que protagonizan el relato de Jesús.

Los dos hijos tipifican, en efecto, una actitud alternada de conversión y desconversión que es variante eterna del hombre.

La mayoría de quienes se entregan a Dios no suelen hacerlo de modo definitivo y perdurable. Con frecuencia la vida es un tejido de conversiones y desconversiones.

Evidentemente nuestro egoísmo y debilidad nos obligan a asumir la conversión como una tarea de toda la vida. Una tarea, humilde y valiente a la vez, en pos de Aquel que “no fue sí y no, sino solamente sí” (2 Corintios 1,19)

Dentro de casa uno de nosotros hay un signo de contradicción: dentro de nosotros pelean Cristo y el Anticristo. Es decir, las exigencias del evangelio que entran en conflicto con nuestros instintos. Con nuestros reflejos animales, con nuestras instancias biológicas. Hay una lucha entre el amor y el desamor, entre la verdad y la mentira, entre la justicia y la ambición.

Nadie puede elegir a Cristo sin que Cristo se le convierta automáticamente en signo de contradicción. Acordémonos: “No he venido a traer paz, sino espada”. Y siempre que le damos a Cristo un lugar en nuestra vida, está El luchando con nosotros contra el Anticristo que hay en cada uno de nosotros.


LA HIGUERA ESTERIL:
Un Dios paciente y apremiante.

Lucas 13, 6-9


Esta parábola expresa a la vez la urgencia de Dios en percibir frutos de conversión, y su tolerancia con la planta humana que se los debe dar. Pero en este caso el acento se carga no tanto en la paciencia de Dios cuanto en la exigencia de Dios.

Es al parecer la menos misericordiosa de las parábolas de misericordia. Pero es muy importante para darle dimensión y profundidad al misterio del amor y la misericordia de Dios. No podríamos formarnos una noción completa de estos, si no los pusiéramos en claroscuro con la santidad y la justicia de Dios. Si no mediara la posibilidad de un castigo, la bondad de Dios y su amoroso llamado al corazón del hombre carecerían de relieve, de dramatismo y hasta de seriedad.

La misericordia de Dios es un atributo esencial de Dios, pero no es un Dios débil, zonzo o a la buena, transigente, complaciente de todas las cosas.

Como personas creemos en un Dios serio, fuerte, eficiente, que sabe corregir y amonestar, que pone medios para obtener sus resultados y exige del hombre una contribución real para conseguirlos. Esto es lo que pone de relieve esta parábola.
Relatos paralelos:

Juan advierte: “Manifiesten su conversión con obras…el hacha está puesta en la raíz de los árboles. El árbol que no produce buen fruto, será cortado y arrojado al fuego. Mateo.3, 8-10

“El árbol que no produce frutos buenos, se le corta y se le arroja al fuego” Mateo. 7, 19.

“Al ver una higuera cerca del camino se acercó a ella, pero solo encontró hojas. Entonces le dijo: Nunca volverás a dar fruto. Y la higuera se secó de inmediato”. Mateo.21,19

Es importante para un creyente auténtico, que su relación personal con Dios esté fundada en el amor, no en el temor al castigo eterno. El temor al castigo no puede ser la causa del amor a Dios o de nuestra unión con El. Dios no quiere nuestro mal, está de nuestro lado y lucha con nosotros


LOS DOS DEUDORES
Amor con amor se paga

Lucas 7, 36-50


La clave de esta parábola esta en la pregunta de Jesús: “¿Quién lo amará más?

Jesús, que es el acreedor que tiene dos deudores, la pecadora y Simón, puntualiza el modo distinto de saldar su deuda el uno y el otro, oponiendo la actitud amorosa, ardiente de la pecadora a la remisa del fariseo, y deduce que, habiendo demostrado mayor amor la mujer, es de suponer que fuera como consecuencia de habérsele perdonado una deuda asimismo mayor. Poco ama, en cambio, aquel a quien poco se le perdona,

El mensaje de la parábola puede sintetizarse así: no se mide la situación real de un hombre frente a Dios, solamente por los pecados –muchos o pocos- que haya cometido. Hay mucha gente que no peca nunca o casi nunca, al menos espectacularmente, y que permanece toda su vida en la tibieza o en la pobreza del amor de Dios. Por el contrario, los amantes apasionados de Dios, se hallan con frecuencia entre los viejos pecadores.

Dos personajes: un fariseo de la burguesía, tiene la moral del hombre que vive bien, cumple la ley etc. Representa un género de creyente sin pasión ni vibración, es de aquellos de quienes la Biblia dice que Dios los “vomita” de su boca porque no son ni fríos ni calientes. (Apocalipsis)

Una mujer pecadora, una amante apasionada, que representa en cambio a quienes, de regreso de una vida desordena son capaces de amar plenamente al descubrir el valor de lo que aman.


EL SIERVO SIN CORAZÓN
Perdón con perdón se paga

Mateo 18, 23-35

Esta parábola puede encuadrarse dentro de las enseñanzas del Padre nuestro. Puede ser el comentario a una de las últimas peticiones: “Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Jesús destaca en esta parábola que la razón por la cual debemos perdonar, es porque nosotros también necesitamos perdón. Somos pecadores. Esto nos debe llevar a una actitud de humildad y de amor.

La penitencia es una invitación a todos para que entremos en la dimensión del amor de Dios, de su misericordia, de su perdón a todos por igual. No hay acepción de personas.

Las enseñanzas de Jesús nos llevan a considerar que en el ser humano la caridad debe contar mucho más que la justicia.

Recordemos que en un primer tiempo era una Ley de represalia. Ver Génesis 4, 23-24. La venganza de Lemek será “setenta veces siete”.

En un segundo tiempo la Ley de justicia impuesta es una represalia igual: “ojo por ojo y diente por diente”. Es la Ley mosaica del talión. Éxodo 21,23

En un tercer tiempo Cristo impone la caridad y el perdón: No hay represalia y debe haber perdón. Mateo 5, 38-39. “Han oído que se dijo ojo por ojo y diente por diente, yo les digo…”

Escuchemos la pregunta de Pedro: Mateo 18, 21-22. ¿Cuántas veces debo perdonar…?
EL MANDAMIENTO DEL AMOR TIENE UNA NOTA ASCENDENTE:

Amar al prójimo como a nosotros mismos – Mateo.22, 35-39

Amar al prójimo como a Cristo Mateo – .25,40

Amar al prójimo como Cristo nos ama a nosotros – Juan.15,12

Amar al prójimo como Cristo ama al Padre – Juan.17,21-22


LA OVEJA DASCARRIADA
Una fiesta en el cielo y en la tierra

Lucas. 15, 4-7


La conclusión de la parábola es una fuente de esperanza para el pecador arrepentido.

Jesús nos quiere decir que la conversión de un solo hombre a Dios es algo muy grande y valioso

Podemos decir en un lenguaje figurado que esta conversión implica “una fiesta en el cielo”. Hay un regocijo espiritual por una conversión. Aunque es una frase antropomórfica, nos ilumina cómo la bondad y el amor de Dios se pueden manifestar al modo humano de alegría como fue la del padre del hijo prodigo.

Hay una fiesta en la tierra desde el punto de vista de que nosotros también nos alegramos de que una persona recobre la paz espiritual y vuelva al buen camino.

A veces dudamos de los buenos propósitos de una persona que quiera iniciar su camino de retorno al Señor. Sin embargo aunque nos cueste trabajo creerlo, deberíamos alegrarnos y sentir el regocijo de quienes recuperan un amigo, de añadir un puesto mas en la mesa para compartir el pan. Es el momento de animar al hermano, de comprometerlo más, de apoyarlo y caminar con el.

Examinemos nuestras actitudes al respecto.

A veces pensamos que esta parábola no es para nosotros, pero fue dicha para todos. Cada uno de nosotros debe dejarse encontrar por el Buen Pastor, dejarse recoger por él para que nos lleve al redil y cada uno de nosotros puede, con su conversión a Dios, provocar una fiesta en el cielo.


EL HIJO PRÓDIGO
Regresar al Padre misericordioso

Lucas. 15, 11-32


Esta parábola resume los diversos temas y mensajes de las parábolas de conversión y perdón que hemos visto anteriormente.

Es una radiografía de todo el proceso de la conversión.
PRIMER MOMENTO: PECADO

1. “Un hombre tenia dos hijos”: Paternidad divina y fraternidad humana.

El mundo de la gracia esta construido sobre un esquema de familia: consiste en la paternidad de Dios y en la fraternidad de todos los hombres redimidos por Cristo.

2. “El menor dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde”:

Ruptura con el padre y con los hermanos.

Dentro del cuadro de familia cimentado sobre la gracia, el pecado supone una ruptura con el Padre y con los hermanos.

3. “Y el padre les repartió sus bienes”. Respeto a la libertad.

La conducta transigente del padre expresa de algún modo la lógica de libertad con que gobierna Dios a los hombres; no quiere esclavos sino hijos.

4. “Se fue a un país lejano”. El pecado es alejamiento de Dios.

El pecado se completa a través de un doble movimiento: dar las espaldas a Dios y volverse a las criaturas, entregándose al disfrute desordenado de las cosas de Dios en contra de Dios mismo.

5. “Malgastó todos sus bienes”. El pecado es la ruina de todos los valores.

El pecado reporta como triste consecuencia la quiebra y la perdida de los valores espirituales y humanos. El hombre retrocede a actitudes de animalidad.
SEGUNDO MOMENTO: ANGUSTIA, DOLOR DE CORAZÓN

1. “Comenzó a sufrir privaciones”: Experiencia de carencia y angustia producida por el pecado.

El pecado provoca estados negativos de vacío y penuria que pueden causar reacciones saludables hacia la reconquista de los valores perdidos.

2. “Entonces fue y se puso al servicio de uno de los habitantes”: Evasión y búsqueda de alternativas de Dios. (Alienaciones)

El primer efecto del estado de angustia producido por el pecado puede ser embarcarse hacia nuevas lejanías y buscar sucedáneos del bien infinito que se ha perdido.

3. “Lo envió a su campo para cuidar los cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas”. Esclavitud y abyección.

El pecado termina en la esclavitud.”El que peca se hace esclavo del pecado” Juan.8,34.

4. “Pero nadie se las daba”: El pecado aísla, vacío y soledad.

Por mucho que se engañe con sus evasiones, no puede el hombre recibir de los sucedáneos de Dios lo que sólo Dios puede darle. El alejamiento de Dios conduce a la nada y al hambre total.
TERCER MOMENTO: ARREPENTIMIENTO, REGRESO Y CONVERSIÓN

5. “Entonces volvió en sí”: De la angustia a la reflexión y de la reflexión a descubir su verdadera identidad como hijo de Dios.

A través de las experiencias negativas derivadas del pecado, el Padre misericordioso revierte la situación y extrae de ella siempre un bien mayor. En este caso ha ido preparando el retorno del hijo rebelde.

http://www.aciprensa.com/fiestas/cuaresma/parabolas.htm

63.- Homilías sobre la parábola del fariseo y el publicano.

24 oct

 

VARIAS HOMILÍAS SOBRE LA PARÁBOLA DEL FARISEO Y DEL PUBLICANO

Mons. D. Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo: ¿Comprar a Dios?

P. Guillermo Juan Morado, blog La puerta de Damasco. Portal InfoCatólica. (24 octubre 2010). TTítulo: La oración humilde”.

Koko (comentarista del blog anterior). Sin título.

Mons. Francesc Pardo i Artigas, Obispo de Girona, “Dos formas de orar. La parábola del fariseo y el publicano”.

www.primeroseducadores.blogspot.com (Un blog con materiales catequéticos). Parábola del fariseo y el publicano.

Pbro. Hernán Quijano Guesalaga (28 de octubre de 2007, Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, Paraná Capilla Policial San Sebastián)

P. Santiago Martín, Arrepentimiento y trabajo.

Juan García Inza, ¿Fariseos o publicanos?

Homilías en www.betania.es

1.- “BENDIGO AL SEÑOR EN TODO MOMENTO…”

Por Antonio García-Moreno

2.- ¿DIOS NO ES JUSTO?

Por Pedro Juan Díaz

3.- LA DISCRIMINACIÓN POSITIVA DE DIOS

Por Gabriel González del Estal

4.- FARISEOS DE TODOS LOS TIEMPOS

Por José María Maruri, SJ

5.- DIOS ESCUCHA AL POBRE Y AL PECADOR ARREPENTIDO

Por José María Martín OSA

6.- EL ORGULLOSO CON SU “YO” Y EL HUMILDE CON DIOS

Por Javier Leoz

7. – EL DOMUND Y LA CÁLIDA TERNURA DE DIOS

Por Ángel Gómez Escorial

LA HOMILÍA MÁS JOVEN


EL PECADO Y LOS PECADOS

 

Por Pedrojosé Ynaraja

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Don Pedro Heredia Martínez, sacerdote diocesano de Jaén en www,musicaliturgica.com

Canónigo Doctor Daniel Meyden, en www.meynen-homily-service.net

Jesús >Martí Ballester, “La humildad alcanza el perdón, la soberbia lo esteriliza”.

P. Donaldo Heanley, en http://liturgy.slu.edu

Homilía sobre el fariseo y el publicano, en forma de parábola (blog de roncuaz)

Fray Miguel de Burgos Núñez, en www.dominicos.org

Reflexión de www.iglesiaendaimiel.com

Eleuterio Fernández Guzmán (reflexión): Fe o simulación.

José Mari Lorenzo Amelibia (sacerdote secularizado), en sublog de ReligionDigital.

Diálogo sobre la parábola en forma de guión de radio (en www.jesuitas.org.co)

Xabier Pikaza, Fariseo y publicano ante el espejo. Un recuerdo de infancia.

José Antonio Pagola, La postura justa.

62.- Parábola del fariseo y del publicano (Oración, Humildad, Biblia)

24 oct

 

–Unas veces somos tan “farisaicos” que nos cuesta muy poco y casi nada traspasar los límites y ajustar cuentas con el mismo Dios sin percatarnos que todo nos viene de El.

–En otras ocasiones sale a relucir la humildad que llevamos dentro y optamos por ponernos al final del templo sacando de la maleta los más viejos y negativos recuerdos sin reflexionar que Dios hace tiempo que los olvidó.

“Nadie es tan rico que no necesite nada, y nadie es tan pobre que no pueda dar nada.”

Uno y otro, el orgulloso del humilde, se distinguen por algo en esta parábola que nos presenta Jesús: el primero hablaba desde la arrogancia y el segundo, en cambio, desde el corazón.

Lo mismo, en una dirección u otra, nos podemos reflejar también nosotros:

*Si vivimos nuestra fe como un simple código de normas… somos fariseos

*Si nos sentimos sostenidos por la mano de Dios… somos publicanos

*Si sacamos las medallas al mérito… somos fariseos

*Si buscamos en el trasfondo de todo lo que hemos realizado a Dios….somos publicanos

*Si nos sentimos los mejores y los auténticos… somos fariseos

*Si intentamos vivir y pensar en Dios sin compararnos con los demás… somos publicanos

También (aquí en el templo y también en el gran templo que es mi vida), en multitud de situaciones, podemos correr el riesgo de caer en la misma actitud farisaica:

-Cuando nos consideramos los mejores vecinos o amigos, cuando pensamos que nadie desarrolla el trabajo tan bien como nosotros, cuando nos creemos en posesión de toda la verdad y descalificamos a los demás, cuando vamos personando la vida a los que no caminan al mismo ritmo que nosotros o a los que la suerte no ha sonreído como a nosotros, y cuando nos consideramos los más formados y sabios.

Por todo esto, el Evangelio de hoy es una llamada a la humildad y a la confianza en Dios.

 

51.- Parábola del rico Epulón.

23 sep

Para adentrarse en el sentido profundo de la parábola, es necesario leer con calma el comentario de Don Guillermo Juan Morado en su blog La puerta de Damasco. Hay otros muchos comentarios, pero esta homilía merece toda nuestra atención.

Y para la formación inicial de los niños, unos dibujos animados:

Y en este mismo blog pusimos en su día las palabras de S.S. el papa Benedicto XVI sobre la parábola de Lázaro y el rico Epulón.

47.- Parábola de los talentos.

24 ago

35.- Parábola para meditar. Toma tu cruz, y sígueme, [Lc 9, 23]. (En viñetas)

9 may

34.- La Cruz (Una parábola que nunca fue considerada como tal)

7 may

Es tan breve que casi nadie la consideró como una parábola. Pasó a formar parte de los “dichos” de Jesús y de las exigencias que ponía a quienes querían seguirlo. Ello dio lugar a interpretaciones de lo más diversas, algunas poco cristianas, como el decir que hay que aceptar las injusticias, el sufrimiento o el dolor como “voluntad” de Dios. Y nada había más alejado del mensaje de Jesús. Pero pocos temas como el de la “cruz” han sido tan difíciles de asumir.

UN DIFÍCIL CAMBIO DE MENTALIDAD

En el Antiguo Testamento las cosas eran claras y tenían su “lógica”. Si a alguien le iba bien en la vida, tenía salud, riqueza económica y podía vivir sin problemas… era señal de que Dios lo bendecía por ser buena persona, no se paraban a preguntarse cómo había conseguido esa prosperidad. Aquel que sufría enfermedad, vivía en la pobreza, no conseguía superar sus problemas y le iba de mal en peor… era señal de que Dios lo maldecía, era el signo evidente de que era un pecador… y si nadie encontraba pecados en él, estaría pagando algún pecado de sus antepasados. Una forma de pensar que sigue vigente entre muchos cristianos de nuestro tiempo. Pero nadie conocía el corazón de Dios como Jesús de Nazaret. Al presentar su “programa” (las bienaventuranzas), Jesús comienza diciendo: “Felices los pobres, porque suyo es el Reino de Dios” (Lc 6, 20). Come con publicanos y pecadores (Mt 9, 10-13). Y afirmará que los publicanos y las prostitutas están más cerca de Dios que aquellos que cumplen la ley para ser vistos por los hombres, pero su corazón está lejos del Padre (Mt 21, 31). Casi nadie lo entiende. En realidad la “clave” es fácil: para estar cerca de Dios no basta cumplir unas “normas”, hay que cargar con la “cruz”… pero en aquel tiempo la cruz era signo de maldición y hoy se ha convertido en un adorno colgado al cuello.

UNA BREVE PARÁBOLA

“Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, cargue su cruz cada día y sígame.” Mateo 16, 24; Marcos 8, 34; Lucas 9, 23 Sin duda la cruz es una realidad, pero aquí nos encontramos frente a una de las parábolas más breves de Jesús.

LA CRUZ QUE HAY QUE CARGAR CADA DÍA

¿Acaso puede querer Dios el sufrimiento del hombre? ¿Puede querer el dolor de sus hijos? Estas palabras que el profeta Isaías pone en boca de Dios, nos ayudan a comprender sus sentimientos:

LA VERDADERA CRUZ

¿Cuál es la cruz que hay que cargar? ¿Cuál es la cruz que cargó Jesús? Esta historia de un misionero en África nos puede ayudar a comprenderlo. Por un camino abrupto y rocoso de África, me encontré a una niña pequeña que llevaba a su espalda a su hermanito. - Hija mía –le dije-, llevas una carga pesada. Me miró y me repuso: - ¡No llevo una carga pesada, llevo a mi hermano! No supe qué replicarle. Las palabras de esa niña me llegaron a lo más profundo del corazón. Cuando parece que los problemas de la gente van a hundirme con su peso, hasta el punto de que mi corazón casi se siente vencido, me vienen a la memoria las palabras de aquella niña: “No llevo una carga pesada. ¡Llevo a mi hermano!”

Extraído de:http://www.antenamisionera.org/escuelas/escuelagostosept08.pdf

25.- Las parábolas de Jesús, comentadas (Bíblico, Teología, Formación, Palabra de Dios, Reino de Dios, Conversión)

22 mar
Catholic.net es uno de los  portales católicos con más cantidad -y calidad de contenidos. En él, el P. Enrique Cases tiene una sección sobre las parábolas de Jesús, en la que aporta no sólo el texto bíblico, sino también un breve comentario, que va a lo esencial y que puede servir de punto de partida para una lectura orante de estas pequeñas historias de la Escritura que nos hablan nada menos que del Reino de Dios, de nuestra conversión (de la llamada a ser santos), de nuestra vida, en definitiva.

Sección de Católic.net:

Las parábolas de Jesús.

¿Qué son? ¿Cuándo y por qué motivo las utiliza? ¿Cuántas hay? ¿Dónde se encuentran?

¿Qué son las parábolas?

Las parábolas son relatos, historias escuetas, claras, sencillas, y su finalidad es transmitir una enseñanza del modo más comprensible y fácil de recordar.

En todas destaca la pequeñez de los comienzos; y el crecimiento progresivo de este Reino; su fuerza regeneradora para los llamados por Dios a la salvación, que alcanzarán si corresponden a esa vocación.

Jesús predica utilizando parábolas, es decir, ejemplos vivos, imágenes tomadas de la vida ordinaria, dándoles contenidos ricos y amplios. Después un año de recorrer los caminos de Palestina, predicando el Evangelio del Reino y confirmando su doctrina con innumerables milagros. Muchos creen, otros no. Jesús habla del Reino de Dios con tacto y utiliza parábolas en las que, sin ocultar que está diciendo cosas nuevas incita a los oyentes a interesarse y les advierte: “!quién tenga oídos para oír, que oiga”. Entenderán los que tengan un corazón dispuesto a la conversión a Dios con el rechazo del pecado, también en sus formas más sutiles.

Conozcamos a fondo el contenido de las parábolas:

La parábola del sembrador.

La parábola de la cizaña.

La parábola del grano de mostaza.

Parábola de la levadura.

Las parábolas del tesoro escondido y la perla.

Parábola de la red barredera.

Parábola de la oveja perdida.

Parábola de la dragma perdida.

Parábola del hijo pródigo.

Parábola de los obreros a la hora undécima.

Parábola de los invitados a las bodas.

La cuestión de la herencia.

La parábola del administrador.

La higuera estéril.

La parábola del rico epulón y el pobre Lázaro.

Parábola del buen samaritano.

La parábola del fariseo y el publicano.

Parábola de los dos hijos.

Parábola de las vírgenes necias y prudentes.

Parábola de los talentos.

Parábola del juicio final.

Parábola del juez injusto.

Parábola de los viñadores homicidas.

17.- Comentarios a la Parábola “El rico Epulón y el pobre Lázaro” (Benedicto XVI)

8 mar

Hoy cedo la palabra al Papa. Que disfrutéis con su luminosa profundidad teológica.

 

Benedicto XVI, “Jesús de Nazaret”, Ed. La esfera de los Libros, España, 2.007, págs. 244 – 251.

La parábola del rico epulón y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31)

De nuevo nos encontramos en esta historia dos figuras contrastantes: el rico, que lleva una vida disipada llena de placeres, y el pobre, que ni siquiera puede tomar las migajas que los comensales tiran de la mesa, siguiendo la costumbre de la época de limpiarse las manos con trozos de pan y luego arrojarlos al suelo. En parte, los Padres han aplicado a esta parábola el esquema de los dos hermanos, refiriéndolo a la relación entre Israel (el rico) y la Iglesia (el pobre Lázaro), pero con ello han perdido la tipología completamente diversa que aquí se plantea. Esto se ve ya en el distinto desenlace. Mientras los textos precedentes sobre los dos hermanos quedan abiertos, terminan con una pregunta y una invitación, aquí se describe el destino irrevocable tanto de uno como del otro protagonista.

Como trasfondo que nos permite entender este relato hay que considerar la serie de Salmos en los que se eleva a Dios la queja del pobre que vive en la fe en Dios y obedece a sus preceptos, pero sólo conoce desgracias, mientras los cínicos que desprecian a Dios van de éxito en éxito y disfrutan de toda la felicidad en la tierra. Lázaro forma parte de aquellos pobres cuya voz escuchamos, por ejemplo, en el Salmo 44: «Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean … Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como ovejas de matanza» (vv. 14.23; cf. Rm 8,36). La antigua sabiduría de Israel se fundaba sobre el presupuesto de que Dios premia a los justos y castiga a los pecadores, de que, por tanto, al pecado le corresponde la infelicidad y a la justicia la felicidad. Esta sabiduría había entrado en crisis al menos desde el exilio. No era sólo el hecho de que Israel como pueblo sufriera más en conjunto que los pueblos de su alrededor, sino que lo expulsaron al exilio y lo oprimieron; también en el ámbito privado se mostraba cada vez más claro que el cinismo es ventajoso y que, en este mundo, el justo está destinado a sufrir. En los Salmos y en la literatura sapiencial tardía vemos la búsqueda afanosa para resolver esta contradicción, un nuevo intento de convertirse en «sabio», de entender correctamente la vida, de encontrar y comprender de un modo nuevo a Dios, que parece injusto o incluso del todo ausente.

Uno de los textos más penetrantes de esta búsqueda, el Salmo 73, puede considerarse en este sentido como el trasfondo espiritual de nuestra parábola. Allí vemos como cincelada la figura del rico que lleva una vida regalada, ante el cual el orante -Lázaro- se lamenta: «Envidiaba a los perversos, viendo prosperar a los malvados. Para ellos no hay sinsabores, están sanos y orondos; no pasan las fatigas humanas ni sufren como los demás. Por eso su collar es el orgullo … De las carnes les rezuma la maldad… su boca se atreve con el cielo … Por eso mi pueblo se vuelve a ellos y se bebe sus palabras. Ellos dicen: “¿Es que Dios lo va a saber, se va a enterar el Altísimo?”» (Sal 73, 3-11).

El justo que sufre, y que ve todo esto, corre el peligro de extraviarse en su fe. ¿Es que realmente Dios no ve? ¿No oye? ¿No le preocupa el destino de los hombres? «¿Para qué he purificado yo mi corazón… ? ¿Para qué aguanto yo todo el día y me corrijo cada mañana… ? Mi corazón se agriaba … » (Sal 73, 13s.21). El cambio llega de repente, cuando el justo que sufre mira a Dios en el santuario y, mirándolo, ensancha su horizonte. Ahora ve que la aparente inteligencia de los cínicos ricos y exitosos, puesta a la luz, es estupidez: este tipo de sabiduría significa ser «necio e ignorante », ser «como un animal» (cf. Sal 73, 22). Se quedan en la perspectiva del animal y pierden la perspectiva del hombre que va más allá de lo material: hacia Dios y la vida eterna.

En este punto podemos recurrir a otro Salmo, en el que uno que es perseguido dice al final: «De tu despensa les llenarás el vientre, se saciarán sus hijos … Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante» (Sal 17, 14s). Aquí se contraponen dos tipos de saciedad: el hartarse de bienes materiales y el llenarse «de tu semblante», la saciedad del corazón mediante el encuentro con el amor infinito. «Al despertar» hace referencia en definitiva al despertar a una vida nueva, eterna; pero también se refiere a «despertar» más profundo ya en este mundo: despertar a la verdad, que ya ahora da al hombre una nueva forma de saciedad.

El Salmo 73 habla de este despertar en la oración. En efecto, ahora el orante ve que la felicidad del cínico, tan envidiada, es sólo «como un sueño al despertar »; ve que el Señor, al despertar, «desprecia sus sombras » (cf. sa173, 20). Y entonces el orante reconoce la verdadera felicidad: «Pero yo siempre estaré contigo, tú agarras mi mano derecha… ¿No te tengo a ti en el cielo?; y contigo, ¿qué me importa la tierra? .. Para mí lo bueno es estar junto a Dios…» (Sal 73 , 23.25.28). No se trata de una vaga esperanza en el más allá, sino del despertar a la percepción de la auténtica grandeza del ser humano, de la que forma parte también naturalmente la llamada a la vida eterna.

Con esto nos hemos alejado de la parábola sólo en apariencia. En realidad, con este relato el Señor nos quiere introducir en ese proceso del «despertar» que los Salmos describen. No se trata de una condena mezquina de la riqueza y de los ricos nacida de la envidia. En los Salmos que hemos considerado brevemente está superada la envidia; más aún, para el orante es obvio que la envidia por este tipo de riqueza es necia, porque él ha conocido el verdadero bien. Tras la crucifixión de Jesús, nos encontramos a dos hombres acaudalados -Nicodemo y José de Arimatea- que han encontrado al Señor y se están «despertando». El Señor nos quiere hacer pasar de un ingenio necio a la verdadera sabiduría, enseñarnos a reconocer el bien verdadero. Así, aunque no aparezca en el texto, a partir de los Salmos podemos decir que el rico de vida licenciosa era ya en este mundo un hombre de corazón fatuo, que con su despilfarro sólo quería ahogar el vacío en el que se encontraba: en el más allá aparece sólo la verdad que ya existía en este mundo. Naturalmente, esta parábola, al despertarnos, es al mismo tiempo una exhortación al amor que ahora debemos dar a nuestros hermanos pobres y a la responsabilidad que debemos tener respecto a ellos, tanto a gran escala, en la sociedad mundial, como en el ámbito más reducido de nuestra vida diaria.

En la descripción del más allá que sigue después en la parábola, Jesús se atiene a las ideas corrientes en el judaísmo de su tiempo. En este sentido no se puede forzar esta parte del texto: Jesús toma representaciones ya existentes sin por ello incorporarlas formalmente a su doctrina sobre el más allá. No obstante, aprueba claramente lo esencial de las imágenes usadas. Por eso no carece de importancia que Jesús recurra aquí a las ideas sobre el estado intermedio entre muerte y resurrección, que ya se habían generalizado en la fe judía. El rico se encuentra en el Hades como un lugar provisional, no en la «Gehenna» (el infierno), que es el nombre del estado final (Jeremias, p. 152). Jesús no conoce una «resurrección en la muerte», pero, como se ha dicho, esto no es lo que el Señor nos quiere enseñar con esta parábola. Se trata más bien, como Jeremias ha explicado de modo convincente, de la petición de signos, que aparece en un segundo punto de la parábola.

El hombre rico dice a Abraham desde el Hades lo que muchos hombres, entonces como ahora, dicen o les gustaría decir a Dios: si quieres que te creamos y que nuestras vidas se rijan por la palabra de revelación de la Biblia, entonces debes ser más claro. Mándanos a alguien desde el más allá que nos pueda decir que eso es realmente así. El problema de la petición de pruebas, la exigencia de una mayor evidencia de la revelación, aparece a lo largo de todo el Evangelio. La respuesta de Abraham, así como, al margen de la parábola, la que da Jesús a la petición de pruebas por parte de sus contemporáneos, es clara: quien no crea en la palabra de la Escritura tampoco creerá a uno que venga del más allá. Las verdades supremas no pueden someterse a la misma evidencia empírica que, por definición, es propia sólo de las cosas materiales.

Abraham no puede enviar a Lázaro a la casa paterna del rico epulón. Pero hay algo que nos llama la atención. Pensemos en la resurrección de Lázaro de Betania que nos narra el Evangelio de Juan. ¿Qué ocurre? «Muchos judíos… creyeron en él», nos dice el evangelista. Van a los fariseos y les cuentan lo ocurrido, tras lo cual se reúne el Sanedrín para deliberar. Allí se ve la cuestión desde el punto de vista político: se podía producir un movimiento popular que alertaría a los romanos y provocar una situación peligrosa. Entonces se decide matar a Jesús: el milagro no conduce a la fe, sino al endurecimiento (d. Jn 11,45-53).

Pero nuestros pensamientos van más allá. ¿Acaso no reconocemos tras la figura de Lázaro, que yace cubierto de llagas a la puerta del rico, el misterio deJesús, que «padeció fuera de la ciudad» (Hb 13,12) y, desnudo y clavado en la cruz, su cuerpo cubierto de sangre y heridas, fue expuesto a la burla y al desprecio de la multitud?: «Pero yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo» (Sal 22, 7).

Este Lázaro auténtico ha resucitado, ha venido para decírnoslo. Así pues, si en la historia de Lázaro vemos la respuesta de Jesús a la petición de signos por parte de sus contemporáneos, estamos de acuerdo con la respuesta central que Jesús da a esta exigencia. En Mateo se dice: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo, pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra» (Mt 12, 39s). En Lucas leemos: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo deJonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación» (Le 11, 29s).

No necesitamos analizar aquí las diferencias entre estas dos versiones. Una cosa está clara: la señal de Dios para los hombres es el Hijo del hombre, Jesús mismo. y lo es de manera profunda en su misterio pascual, en el misterio de muerte y resurrección. Él mismo es el «signo deJonás». Él, el crucificado y resucitado, es el verdadero Lázaro: creer en él y seguirlo, es el gran signo de Dios, es la invitación de la parábola, que es más que una parábola. Ella habla de la realidad, de la realidad decisiva de la historia por excelencia.

Benedicto XVI

Benedicto XVI - Jesús de Nazaret

14.- Parábola del sembrador. (Bíblica)

3 mar

Me gustó esta interpretación de la parábola.

Presentación en Power Point sobre la parábola

5.- Tres parábolas sobre la oración.

19 feb

Estamos en Cuaresma. Por eso no está nada mal meditar sobre la oración.

S. Lucas nos ha trasmitido tres parábolas principales sobre la oración:

Oración insistente

La primera, “el amigo importuno” (cf Lc 11, 5-13), invita a una oración insistente: “Llamad y se os abrirá”. Al que ora así, el Padre del cielo “le dará todo lo que necesite”, y sobre todo el Espíritu Santo que contiene todos los dones.

La parábola del amigo insistente (Lc 11, 5-13)
5 Jesús agregó: «Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, 6 porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, 7 y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”. 8 Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.

Orar siempre, con la paciencia de la fe

La segunda, “la viuda importuna” (cf Lc 18, 1-8), está centrada en una de las cualidades de la oración: es necesario orar siempre, sin cansarse, con la paciencia de la fe. “Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?”

La parábola del juez y la viuda (Lc 18, 1-8)
18 1 Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: 2 «En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; 3 y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: “Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario”. 4 Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: “Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, 5 pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme”».
6 Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. 7 Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? 8 Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».

La humildad del que ora

La tercera parábola, “el fariseo y el publicano” (cf Lc 18, 9-14), se refiere a la humildad del corazón que ora. “Oh Dios, ten compasión de mí que soy pecador”. La Iglesia no cesa de hacer suya esta oración: “¡Kyrie eleison!”.

La parábola del fariseo y el publicano (Lc 18, 9-14)
9 Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: 10 «Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. 11 El fariseo, de pie, oraba en voz baja: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. 12 Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas”. 13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”. 14 Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado».

Adaptado del número 2613 del Catecismo de la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal de Colombia, 1993.

4.- El buen samaritano. (Bíblico)

19 feb

3.- Sansón y Dalila. (Bíblico)

18 feb

 

 

Los israelitas fueron dominados por los filisteos y entonces nació Sansón, cuyo nacimiento fue anunciado por un ángel.

Sansón tenía una fuerza sobre humana, lo que despertaba el temor y la envidia de los filisteos. Por eso convencieron a una mujer muy hermosa, llamada Dalila, para que lo enamorase y así le robara el secreto de su fuerza.

Dalila le preguntó:

- ¿En qué consiste tu grandísima fuerza. ¿Y cuál es la cosa que si estuvieras atado a ella no podrías escaparte?

Sansón respondió:

- Si me ataran con siete cuerdas quedaría sin fuerzas como el resto de los hombres.

Pero al entrar los Filisteos con las siete cuerdas, Sansón las rompió como si se tratara de hilos. 

Él seguía queriendo a Dalila, a pesar de su traición, y ella logró que él le dijera la verdad, pues el secreto de su fuerza estaba en su cabello. Llamó al barbero, quien le cortó a Sansón el cabello. Sansón perdió sus fuerzas y fue atado a las columnas del templo.

Sansón le pidió a Dios que le devolviese sus fuerzas y, una vez atendido su ruego,  derribó las columnas del templo, demostrando que para Dios nada es imposible.

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