Daniel Marguerat, Parábola (Cuadernos Bíblicos, nº 71)

 

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Siguiendo después de varios meses de mutismo con nuestra tarea de divulgar las parábolas y, por extensión, multitud de relatos de intención didáctica, presentamos hoy un librito de poco más de sesenta páginas, perteneciente a la colección “Cuadernos Bíblicos” -es el número 75-, publicada por la editorial Verbo Divino. El ensayo que presentamos hoy fue publicado en 1992. Su autor es Daniel Marguerat, renombrado biblista francés.

Daniel Marguerat en Wikipedia (en francés): http://fr.wikipedia.org/wiki/Daniel_Marguerat

Editorial Verbo Divino: http://www.verbodivino.es/

Aunque el texto completo es de fácil acceso en la red, dejamos aquí la presentación y el índice, por si resulta de interés para la reflexión y el análisis.

Invitación al viaje

Parábola. ¿Qué es lo que tienen esas historias tan sencillas para dar que hablar de ellas después de veinte siglos? Porque todavía siguen hablando; y en nuestra lengua, el término «palabra» viene de parábola. De todas las formas del discurso de Jesús, es ésta la que ha conseguido mayores éxitos.

La parábola es simple, eterna, evidente. Pero una mirada insistente la hace parecer compleja, contingente y abierta a múltiples sentidos. Las dos miradas son verdaderas: la parábola se entrega inmediatamente y sigue impresionando hoy al lector con el mismo vigor de antaño; al mismo tiempo, la parábola va irremediablemente ligada a la Palestina de los años 30, reproduciendo su atmósfera y su vida cotidiana.

El viaje al que os invita este cuaderno tiene la finalidad de situar las parábolas en el diálogo vivo entre Jesús y sus interlocutores, en donde nacieron, y al mismo tiempo mostrar cuáles son los resortes que dan a la imagen que presentan una fuerza todavía intacta en nuestros días.

La primera parte atiende a la forma del lenguaje: Jesús, narrador de imágenes. Esta forma de lenguaje oculto, que habla de Dios sin mencionarlo, la ha sacado Jesús de los rabinos de su tiempo; su aparente claridad es una trampa, ya que dice tanto como oculta (p. 8-12). ¿Cómo definir la parábola? Es o comparación o metáfora; se apoya en la evidencia o sorprende por su extravagancia (p. 12-16). La parábola es un relato: su construcción minuciosa obedece a un verdadero arte de narrar, cuyas reglas se pueden establecer (p. 17-20). Desde su origen, se la ha reconocido como una palabra abierta a una realidad que ha de decirse; pero ¿cómo llegar a ese «otro sitio» al que se invita al lector? Veinte siglos de lectura de la parábola han explorado caminos diversos (p. 21-26).

La segunda parte sitúa la parábola en el juego de la comunicación. Se comprueba aquí que la parábola, lejos de ser una historia para distraer, participa de un juego muy serio: mantener una comunicación a punto de perderse. Un relato de Lucas permite reconstruir la forma como Jesús, por una especie de descentración, utiliza la parábola para salvaguardar el diálogo con sus interlocutores (p. 27-30). Así la parábola se inscribe en una trama relacional, y en esa trama es donde ocupa su lugar la llamada que encierra (p. 30-32). Su poder reside también en su capacidad de movilizar la fuerza persuasiva de la experiencia (p. 33-36). Pero sucede que en el interior mismo del relato se incrusta un diálogo en el que se refleja, como en un eco, el intercambio de Jesús con sus interlocutores (p. 37-40). 

La tercera parte está consagrada a las parábolas del reino. Las que suelen llamarse parábolas del crecimiento señalan con fuerza la promesa de esplendor ligada a los comienzos humildes (p. 41-45). Pero el reino asoma también a través de parábolas «extravagantes», que hacen surgir lo insólito en el marco cotidiano de la gente e incitan al lector a un cambio de perspectiva sobre su realidad (p. 45-52). Otras invitan a la vigilancia: el reino de Dios llegará imprevisible, desconcertante, y su venida derribará las certezas más sólidas (p. 52-53).

La cuarta parte traza el camino que lleva de Jesús a los evangelios. Un camino de cambio y de novedad, en donde la parábola se emancipa y se gana un público nuevo (p. 54-57). Sin embargo, en ese camino en que se afirma su poder creativo, la parábola conoce un destino variable según los evangelios (p. 57-61). Se la sigue reconociendo, sin embargo, como una forma irreductible de comunicación del evangelio, cuyo autor, Jesús, fue reconocido progresivamente por los primeros cristianos como «la parábola de Dios» (p. 61-63).

Índice del contenido:

 nvitación al viaje                                                                     5

Jesús, narrador de imágenes                                             6

Parábola, lenguaje oculto                                                        8

La parábola es un relato                                                         12

El arte de contar                                                                      17

Veinte siglos escuchando parábolas                                        21

El juego de la comunicación                                                27

Escándalo en casa de Simón el fariseo                                    28

Una estrategia de diálogo                                                         30

La fuerza persuasiva de la experiencia                                     33

Una palabra en la parábola                                                       37

Parábolas del reino                                                                41

Las parábolas de crecimiento                                                    42

Conflicto salarial en la viña                                                        45

El lenguaje del cambio                                                               49

Las parábolas de crisis                                                               52

De Jesús a los evangelios                                                     54

La parábola se emancipa                                                           54

Un destino variable según los evangelios                                   57

Jesús, parábola de Dios                                                              61

Para proseguir el estudio                                                            64

Parábolas citadas                                                                       65

Recuadros                                                                                  66

¡El Hijo, el Hijo! ¿Quién se lleva al Hijo?

subasta

Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte. Tenían de todo en su colección, desde Picasso hasta Rafael. Muy a menudo, padre e hijo se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte.

Cuando el conflicto de Vietnam surgió, el hijo fue a la guerra. Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado. El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo. Un mes más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a la puerta. Un joven con un gran paquete en sus manos le dijo al padre: “Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida. El salvó muchas vidas ese día, y me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho, muriendo así instantáneamente. El hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte.”

El muchacho extendió el paquete: “Yo se que esto no es mucho. Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto.”

El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo pintado por el joven soldado. El contempló con profunda admiración la manera en que el soldado había capturado la personalidad de su hijo en la pintura. El padre estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su hijo que los suyos
propios se inundaron de lágrimas. Le agradeció al joven soldado y ofreció pagarle por el cuadro.

“ Oh no señor, yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Es un regalo.”

El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea. Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa galería.

El hombre murió unos meses más tarde y se anunció una subasta para todas las pinturas que poseía. Mucha gente importante y de influencia acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro de la colección.

Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo. El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta. “Empezaremos los remates con este retrato de el hijo. ¿Quién ofrece por este retrato?” Hubo un gran silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación gritó: “¡Queremos ver las pinturas famosas! ¡Olvídese de ésta!” Sin embargo el subastador persistió: ¡Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿$100.00 dólares? ¿$200.00 dólares?”

Otra voz gritó con enojo: “¡No venimos por ésta pintura! Venimos a ver los Van Goghs, los Rembrants. ¡Vamos a las ofertas de verdad!”

Pero aun así el subastador continuaba su labor: “¡El Hijo! ¡El Hijo! ¡¿Quién se lleva El Hijo?!

Finalmente, una voz se oyó desde muy atrás del cuarto: “¡Yo doy diez dólares por la pintura!” Era el viejo jardinero del padre y del hijo, siendo éste muy pobre, era lo único que podía ofrecer.

“¡Tenemos $10 dólares!, ¡¿Quién da $20?!” gritó el subastador.

“¡Dásela por $10! ¡Muéstranos de una vez las obras maestras!” dijo otro exasperado.”

“¡$10 dólares es la oferta! ¡¿Dará alguien $20?! ¿Alguien da $20?”

La multitud se estaba poniendo bien enojada. No querían la pintura de El Hijo. Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones. El subastador golpeó por fin el mazo: “Va una, van dos, ¡VENDIDA por $10 dólares!”

Un hombre que estaba sentado en segunda fila gritó feliz: “¡Ahora empecemos con la colección!”

El subastador soltó su mazo y dijo: “Lo siento mucho damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final.”

“Pero, ¿qué de las pinturas?”

“Lo siento. Cuando me llamaron para conducir esta subasta, se me dijo de un secreto estipulado en el testamento del dueño. Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura de EL HIJO sería subastada. Aquel que la comprara heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas. ¡El hombre que compró EL HIJO se queda con todo!

Reflexión:

Dios nos ha entregado a su Hijo quien murió en una cruz hace 2,000 años. Así como el subastador, su mensaje hoy es: “¡EL HIJO, EL HIJO, ¿QUIÉN SE LLEVA EL HIJO?” Quien ama al Hijo lo tiene todo.

Mateo 6:33 “Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.

95.- Las parábolas, comentadas por el Padre Ángel (Mensajeros de la Paz)

El P. Ángel con un niño, tras el terremoto de Haití

El Padre Ángel, sacerdote asturiano conocido en todo el mundo por su Fundación Mensajeros de la Paz, y por las muchas actividades que organiza en favor de los niños más pobres (enfermos, abandonados, hambrientos…), tiene un libro en el que reflexiona sobre las parábolas de Jesús, y por eso viene a este blog por primera vez. Espero traerle más veces, si sigo con esto…

García Rodríguez, Ángel (2001), LAS PARÁBOLAS DEL PADRE ÁNGEL, Madrid, La Esfera de los Libros, 160 pp., ISBN: 8497340116

 “Dejad que los niños se acerquen a mí”, con estas divinas palabras se abre el libro del padre Ángel, una obra que recoge sus comentarios a las grandes parábolas de Jesús y a las pequeñas parábolas de la vida.

El hijo pródigo, el sembrador, el grano de mostaza, el administrador injusto, la higuera estéril, la mota y la viga… Esas perlas de sabiduría que encierran con tanta fuerza el más hermoso mensaje que el hombre haya podido recibir: el de querer y dejarse querer, amar y dejarse amar, ser feliz y hacer feliz a los demás, estar conforme con lo que se tiene sin estar resignado y hacer cada día este mundo un poco mejor para todos.

A través de esta esmerada selección de historias, el padre Ángel glosa sus recuerdos y su amplia experiencia con los preferidos de Jesús: los más necesitados. Un libro para pensar y meditar en el fondo del corazón, para rezar y vivir. Y para descubrir el secreto y motor de este gran personaje, premio Príncipe de Asturias de la Concordia, “padre” de miles de niños y ancianos sin hogar, al que muchos, dentro y fuera de España, comparan con la Madre Teresa de Calcuta o con Vicente Ferrer.

ACOGIDA DE LA CRITICA

“Con la sencillez que da la humildez, el padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, comenta las grandes parábolas de Jesús: «El hijo pródigo», «El sembrador», «El grano de mostaza y la levadura», «El buen samaritano», «La higuera estéril»…; enseñanzas que encierran perlas de sabiduría y el más universal de los mensajes: el amor”. “ABC”.

Fuente: http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=8497340116

93.- Una parábola de piedra. La puerta de la Humildad. Cuaresma.

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La puerta de ingreso de la Iglesia de la Natividad, en Belén, incomodísima, es llamada La Puerta de la Humildad y corresponde (como muchas veces en la Iglesia) a una razón teólógica (la humildad incluso física para entrar a la casa de Dios) y otra práctica (por una puerta así, no podían pasar soldados a caballo).

La imposición de la ceniza, en el día de hoy, como puerta de la Cuaresma, también nos invita a agachar la acabeza, a reconocer que somos pecadores y que necesitamos un camino de conversión. Pero un camino lleno de esperanza, pues nos lleva a la Pascua. los cristianos no somos enterradores.

Sí, el Viernes Santo recordamos a Jesús en el sepulcro, pero terminamos la Semana Santa con la Pascua. Con la cabeza ya muy alta.

Buena cuaresma a todos. rezad por mí.

84.- Guillermo Juan Morado, La humanidad de Dios. Meditaciones sobre Jesús, el Señor (Ediciones Cobel)

Don Guillermo Juan Morado acaba de publicar un nuevo libro. Se titula La humanidad se Dios. Meditaciones sobre Jesús, el Señor.

En estos tiempos, se publican a diario muchos libros, los portales de Internet nos “bombardean” con páginas y páginas de información de diversa calidad, los blogs son una especie en rápido crecimiento demográfico, la prensa digital de todo el mundo está a nuestro alcance desde el hogar. En definitiva: la cantidad de información a nuestro alcance resulta abrumadora. ¡No hay tiempo para leerlo todo, ni siquiera para leer una mínima parte de lo que concierne a nuestros intereses personales y profesionales! Por eso es necesario elegir bien, seleccionar con prudencia las lecturas. La vida es breve, y hay mucha literatura-basura flotando por ahí…

Este libro de Don Guillermo Juan Morado es de los que verdaderamente merecen la pena. En primer lugar, porque es el fruto de un trabajo constante, diario, de reflexión espiritual y de labor pastoral. En segundo lugar, porque en él se realiza una “lectura orante” de la Biblia y de la persona de Jesús (de ahí el subtítulo). Y en tercer lugar, pero no menos importante, por la capacidad del autor para sintetizar con un lenguaje preciso y a la vez didáctico sus amplísimos conocimientos teológicos, ya demostrados en anteriores publicaciones.

Don Guillermo Juan Morado

También demuestra asiduamente (con un esfuerzo añadido a sus muchas responsabilidades docentes y pastorales, pues es Director del Instituto Teológico de Vigo, donde imparte docencia, y ejerce su labor pastoral en la Parroquia de San Pablo de Vigo) en su blog La puerta de Damasco. En esta “parroquia virtual” sui géneris (pues lógicamente no se celebran los sacramentos a través de un blog, pero sí se forma una comunidad y una comunión en la oración) han visto a la luz algunas de las reflexiones que se contienen en La humanidad de Dios, publicación que, afortunadamente para nosotros, pronto tendría una segunda parte.

El libro se estructura en seis partes: “La cercanía de Dios”, “las palabras y los signos”, “el Siervo doliente”, “muerte y vida”, “testigos de su amor” y “Uno de la Trinidad”. En total, presenta treinta textos sobre Jesús, Dios hecho hombre para participar en nuestra historia, para personificar el misterio de Dios, para cumplir la voluntad del Padre hasta la Cruz, para traernos la salvación.

La editorial Cobel, que publica el libro, nos ofrece en su web una muestra, concretamente la primera meditación del apartado segundo: Las palabras y los signos. Se titula “El signo de Caná”. Si es cierto el dicho popular de que “para muestra basta un botón”, leyendo estas tres páginas nos damos cuenta perfectamente del carácter de estas reflexiones: claridad expositiva, abundantes citas de la Biblia, en las que se ve cómo todo encaja a la perfección en la Palabra de Dios, conocimiento orante de los Padres de la Iglesia y del Magisterio más reciente, y una visión espiritual de la vida y del ser humano.

El precio (3,5 €) de estas cien páginas no desanimará a nadie que quiera disfrutar de la doctrina del Padre D. Guillermo Juan Morado, que es lo mismo que decir la doctrina de la Iglesia Católica.

¡Gracias por hacer fructificar así de bien sus talentos, Don Guillermo!

78.- Adviento, tiempo de espera y de esperanza (Parábola de José Luis Martín Descalzo, contada por José María Maruri, SJ)

(Dedicado a Koko, seminarista y ya casi presbítero, comentarista de La Puerta de Damasco)

UNA PARÁBOLA, por José María Maruri, SJ [Homilía del I Domingo de Adviento, Ciclo A, Año Impar]

1- Hoy es primer domingo de adviento… Ya la misma palabrita relegada hoy sólo al ambiente litúrgico y clerical, nos dice bien poco. Si por lo menos se llamase Primer Domingo de la Espera, del Encuentro, de la Llegada. Pero no. Se llama Adviento.

Por eso ese gran escritor y periodista que fue el Padre José Luis Martín Descalzo se inventó una parábola, al estilo de las que inventaba el Señor, para desentrañar el sentido de lo que celebramos. Os la cuento con algunos retoques o chafarrinones míos

Dicen que en un pueblecito de la sierra madrileña, que buen pudo ser o Las Rozas o Las Matas de hace ochenta años, O sea con una pequeña ermita, cuatro casas y aun apeadero de ferrocarril donde jamás paró un tren, pues dicen que se corrió la voz de que Dios, nada menos, iba pasar por el pueblo camino de la capital del Reino.

Los cuatro vecinos, el alcalde, el viejo cura, los pastores trashumantes que guardaban sus rebaños, los vendedores ambulantes de queso y miel de la Alcarria, todos se pusieron a limpiar el pueblo, a arrancar los cardos borriqueros, a colgar un cartel diciendo “Vienvenido”, con dos UVES para mayor redundancia, y hasta se pusieron bombillas nuevas en el apeadero, todas rotas por los tirachinas de los mozalbetes acostumbrados a correr delante de Rocambole, el bigotudo guarda del paso a nivel.

Y el viejo sacristán, a su tiempo albañil, hombre bueno donde los hay, fue enviado de vigía a un castillete del camino, que no hay otro que el que se ve a la izquierda del camino real antes de llegar a Torrelodones… Y el bueno del sacristán, mientras entornaba sus ojos cansados para ver en la lejanía, pensaba, como las lecturas de hoy nos han dicho, que qué momento estaba viviendo el pueblo, que nadie podía dormirse y menos él, que no sabía como vendría el Señor, pero él había odio al cura decir que vendría en son de paz, no como esas pandillas de otras aldeas que venían con piedras y palos, que vendría como juez misericordioso como el mismo vigía anhelaba y necesitaba por lo que él llamaba su turbulenta juventud.

Pasaron los días, pasaron las semanas, pasaron los meses. Los pastores regresaron a Extremadura, los mieleros a la lacaría, el alcalde se peleó con el cura causante del bulo, el apeadero perdió sus bombillas, sólo el viejo vigía seguía esperando.

Hasta que un día mesándose la hirsuta barba de meses suspiró.

–Señor, ¿dónde estás?

Y oyó una voz cariñosa:

–Aquí contigo

–Pero, ¿desde cuando, Señor?

–Desde que empezaste a desear que llegara…

2.- Buscamos a Dios fuera cuando lo llevamos adentro. Adviento no son colgantes de bombillas de balcón a balcón, como las del apeadero. Adviento es interioridad. Es esperar con anhelo. Es salir al encuentro de alguien muy querido, de ese único alguien que desde el momento que le deseamos ya está con nosotros. Aun antes de desearle ya está a la puerta y llama…”y si alguien me oye y abre entraré y comeré con el él. Eso es Adviento.