Parábola del buen samaritano (Bíblico)

En el artículo número cuatro de este paupérrimo blog pusimos tres vídeos de YouTube sobre la parábola del buen samaritano, una de las “parábolas de la misericordia” de Jesús.

Los vídeos “ya no existen” en ese enorme repositorio (=almacén, depósito, totum revolutum) de vídeos. Toda obra humana está destinada a perecer, nuestras vidas son “verduras de las eras”, que diría Jorge Manrique en sus Coplas, tiempo fugaz, vanidad de vanidades…

Pero hay una canción, compuesta por la familia Valiván, que recrea la parábola del buen samaritano y que, según informa hoy Religión en Libertad, ha tenido más de medio millón de visitas. Casi tantas como este blog.

Veamos si somos capaces de enlazar el vídeo. En todo caso, en el primer enlace de esta entrada se puede acceder a él.

En estos momentos en los que el Papa habla de salir hacia la “periferia” espiritual y material del mundo, en estos momentos pascuales, nos viene muy bien saber que HOY es momento propicio para la conversión.

¿Por qué el samaritano ayudó al hombre malherido?

Principalmente por tres motivos:

a) Por costumbre. Sí, parece algo prosaico y rutinario. Pero hay que interiorizar, hacer algo propio, esa costumbre de dar la mano al que lo necesita. Puede necesitar nuestro prójimo simplemente nuestra escucha, nuestro tiempo, no necesariamente nuestro dinero.

b) Por solidaridad. palabreja manida y ya ajada de tanto manoseo político e ideológico. Pero el samaritano sabe identificarse con, com-padecerse, del prójimo herido y asaltado. No nos echa un discurso, no nos da una cuenta corriente en la que dejar las sobras para ayuda humanitaria; se baja de su asno, deja sus planes, se para en la posada, le cura, deja unas monedas para que pague la estancia y los cuidados…

c) Porque allí donde alguien sufre, Dios sufre, es el mismo Cristo el que padece. Un cura amigo dice que el cristiano no puede ser plenamente feliz mientras un ser humano siga sufriendo. Construir el Reino se hace desde el hoy, en el día a día, con pequeños gestos, con la conversión del corazón que nos lleva a abrirnos a los demás, para poder rezar el Padrenuestro sin pensar de forma individualista en el “padre mío”.