12.- ¿Podemos los católicos ser pesimistas?

   Estos días, en el blog de Bruno Moreno Ramos se está comentando un post titulado “España se muere”.  Al leerlo me pareció demasiado pesimista. Trata de la situación actual de España, con tendencias disgregadoras que aparecen cada día en los medios de comunicación e influyen en la elaboración de las leyes, en el control parlamentario al Gobierno, y en la vida de los ciudadanos. El aborto acaba de ser re-aprobado en el Parlamento, la Iglesia es atacada y descalificada no pocas veces, los propios católicos damos ejemplos de desunión y con nuestra forma de vivir la fe no convocamos a los alejados, a los que muchas veces no sabemos acoger. Hoy más que nunca (hoy como siempre) es necesario que seamos sal en el mundo. ¿Sabemos ser esa sal de la que habla el Evangelio?

Bueno, estos y otros asuntos salieron a la luz en el veterano blog alojado en Infocatólica. Y me hizo pensar, aunque Bruno no centra la reflexión en la decadencia del país, sino en la verdadera esperanza y patria del cristiano, que muchas veces, en los foros católicods, parecemos un coro de plañideras. Cuando no lloramos, nos arreamos. Parece que sólo sabemos unirnos “contra” algo o “contra” alguien.

Pero creo que en verdad no tenemos derecho a ser pesimistas. Siempre hay esperanza. No vale decir, con Jorge Manrique, que “cualquiera tiempo pasado/ fue mejor”. Nuestro tiempo es este, y en él debemos anunciar y construir el Reino.

Y como, en principio, este blog novato estaba pensado para traer parábolas actuales que susciten la reflexión (aunque ya incluye una referencia a una película y un vídeo de una Eucaristía), me acordé de la historia de la rata optimista y la rata pesimista, que es la siguiente:

Hasta hace pocos años, era usual ver en los pueblos del norte de España, a la orilla del camino, bidones y recipientes llenos de leche, a la espera del paso del camión que los llevaría a la empresa láctea correspondiente. En un cubo de leche cayeron un día dos ratas juguetonas. El cubo estaba medio lleno, pensó una de ellas, que empezó enseguida a nadar en círculos. La otra también nadaba, pero veía el cubo medio vacío, lo cual no le quitaba, ni mucho menos, el miedo de ahogarse.

Pasado un rato, la rata pesimista le dijo a su compañera:

– Esto no funciona, amiga.

– Calla y sigue nadando -le contestó la ratita optimista.

Un rato después, la rata pesimista insistió:

– Nos vamos a ahogar, nunca conseguiremos salir de aquí.

– Calla y sigue nadando -dijo la optimista.

Pero las fuerzas y la esperanza iban abandonando a la ratita pesimista, hasta que , con un hilo de voz, sollozó:

– No, no, no… No hay solución.

Y se hundió en la leche, ahogándose al instante.

La rata optimista siguió nadando con todas sus fuerzas, y cuando ya estaba al límite, notó que la leche estaba cuajando y convirtiéndose en mantequilla. Pronto pudo salir del cubo dando un saltito. Sus esfuerzos habían dado resultado.

FIN

PD: Aquí entendemos el término parábola con manga ancha.

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