37.- Anécdota del Papa Juan Pablo II

“El Papa Juan Pablo II, en una solemne sala del Vaticano, recibe a una de las más altas autoridades religiosas del judaísmo, el gran Rabino del Estado de Israel, Meir Lau. La formal entrevista se llevó a cabo en fraternal marco y quedó espacio para el relato anecdótico.

El religioso judío narró al Sumo Pontífice un hecho acaecido hace largas décadas en una ciudad europea. Le contó que terminada la Segunda Guerra Mundial, una mujer católica se dirigió al párroco de su pueblo, para hacerle una consulta. Ella y su esposo, tenían a su cuidado, desde los días de la guerra, a un pequeño niño judío que le habían encomendado sus padres poco antes de haber sido deportados a un campo de concentración.

Los padres del niño, desaparecidos en el trágico infierno de la masacre nazi, habían previsto para el niño un futuro en la tierra de Israel, soñaban con ello. La madre adoptiva del niño judío se encontraba ante una encrucijada y pedía consejo al sacerdote católico ya que su intención era bautizar al niño en agradecimiento por haber sobrevivido a la masacre.

El párroco tuvo una pronta y comprensiva respuesta: “Se debe respetar la voluntad de los padres”  Posteriormente el niño judío fue enviado al entonces naciente Estado de Israel, donde se criaría y educaría.
La anécdota resultó muy interesante para Karol Wojtyla, y pasó a ser más conmovedora aún, cuando Meir Lau el gran rabino le aclaró la identidad de aquellas personas: “Usted, Eminencia, era ese párroco católico. Y ese niño huérfano… era yo”
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6 thoughts on “37.- Anécdota del Papa Juan Pablo II

  1. La anécdota es muy bonita y nos ayuda a entender que nuestra vida está bajo los desiginios de Nuestro Padre. Somos meros instrumentos de Nuestro Señor

    Gracias Padre por ponerla, me ha aportado mucho.

    1. Bienvenido al blog, Ignacio.

      Estoy de acuerdo con usted. Las cosas que suceden hoy tendrán unas consecuencias totalmente imprevisibles para nosotros, y siempre será para bien, aunque no lo podamos entender, porqe Dios actúa de una forma u otra en la historia llamándonos constantemente.

      Deseo aclarar que no soy sacerdote. El título del blog viene de un blog, “La Puerta de Damasco”, donde, medio en broma, hablamos de nosotros mismos como una parroquia “virtual”, y en ella soy el deán.

      Pero soy laico.

      Saludos.

  2. Como “Abadesa” del blog que menciona el Deán anfitrión de este blog, certifico que fuera del mundo virtual, ni yo soy monja, ni el Deán es sacerdote.

    Somos laicos. El Deán está felizmente casado, yo soy -nada felizmente- viuda. Y todos los amigos del Deán que procedemos de La Puerta de Damasco tenemos nuestros cargos eclesiásticos virtuales, en broma.

    Änimo, Deán, es un blog sumamente edificante (para ser laico)

    🙂

  3. Buena anécdota Tineo. Habrá que pasarse más por aquí.
    Vengo siguiendo la recomendación que da el Padre Guillermo en su blog.
    El verdadero Padre Guillermo, habrá que aclarar. A ver si al final van a creer que él tampoco es cura en la vida real.
    Con permiso de la madre abadesa y el señor deán, me retiro a descansar. Mañana será otro día.

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