41.- Un juicio precipitado

En el andén… Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación, le informaron de q el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el rato. Buscó un banco en el anden central y se sentó preparada para la espera.
Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.
La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. “-No podrá ser tan descarado”, pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. ¡Gracias! – dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. De nada – contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida… La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: “¡Que insolente, que mal educado, que vergüenza de tipejo!”. Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

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4 thoughts on “41.- Un juicio precipitado

  1. Tineo, aunque parece que la señora queda compungida por su actitud, yo creo que le puede su orgullo y, al sentirse humillada se apea rápidamente del tren, se planta ante el joven y le da con el paquete de galletas en las narices.

  2. Ella valora mucho sus galletas

    Solo por esta razón no acabarán dándose de galletas; el joven sonreirá, que es un arma muy potente, y ella le dará un beso de agradecimiento.

  3. Está muy bien ese contraste entre el juicio precipitado de la señora y la templanza del joven. Este tipo de situaciones, de muy diversas índoles, se presentan más a menudo de lo que parece, y no es nada fácil mostrar esa serenidad del joven.

    Pero si la señora elegante, aún con toda la sorna del mundo, es capaz de aceptar la mitad de la última galleta, diciéndole gracias al joven, tampoco es lo que se dice una mujer en exceso orgullosa, por lo que, como dice Ángel, seguro que se baja del tren y le da un beso. 😛

    Estaría bien un cortometraje con este historia. Con final abierto, por supuesto, que lo del beso es muy manido. 😉

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