78.- Adviento, tiempo de espera y de esperanza (Parábola de José Luis Martín Descalzo, contada por José María Maruri, SJ)

(Dedicado a Koko, seminarista y ya casi presbítero, comentarista de La Puerta de Damasco)

UNA PARÁBOLA, por José María Maruri, SJ [Homilía del I Domingo de Adviento, Ciclo A, Año Impar]

1- Hoy es primer domingo de adviento… Ya la misma palabrita relegada hoy sólo al ambiente litúrgico y clerical, nos dice bien poco. Si por lo menos se llamase Primer Domingo de la Espera, del Encuentro, de la Llegada. Pero no. Se llama Adviento.

Por eso ese gran escritor y periodista que fue el Padre José Luis Martín Descalzo se inventó una parábola, al estilo de las que inventaba el Señor, para desentrañar el sentido de lo que celebramos. Os la cuento con algunos retoques o chafarrinones míos

Dicen que en un pueblecito de la sierra madrileña, que buen pudo ser o Las Rozas o Las Matas de hace ochenta años, O sea con una pequeña ermita, cuatro casas y aun apeadero de ferrocarril donde jamás paró un tren, pues dicen que se corrió la voz de que Dios, nada menos, iba pasar por el pueblo camino de la capital del Reino.

Los cuatro vecinos, el alcalde, el viejo cura, los pastores trashumantes que guardaban sus rebaños, los vendedores ambulantes de queso y miel de la Alcarria, todos se pusieron a limpiar el pueblo, a arrancar los cardos borriqueros, a colgar un cartel diciendo “Vienvenido”, con dos UVES para mayor redundancia, y hasta se pusieron bombillas nuevas en el apeadero, todas rotas por los tirachinas de los mozalbetes acostumbrados a correr delante de Rocambole, el bigotudo guarda del paso a nivel.

Y el viejo sacristán, a su tiempo albañil, hombre bueno donde los hay, fue enviado de vigía a un castillete del camino, que no hay otro que el que se ve a la izquierda del camino real antes de llegar a Torrelodones… Y el bueno del sacristán, mientras entornaba sus ojos cansados para ver en la lejanía, pensaba, como las lecturas de hoy nos han dicho, que qué momento estaba viviendo el pueblo, que nadie podía dormirse y menos él, que no sabía como vendría el Señor, pero él había odio al cura decir que vendría en son de paz, no como esas pandillas de otras aldeas que venían con piedras y palos, que vendría como juez misericordioso como el mismo vigía anhelaba y necesitaba por lo que él llamaba su turbulenta juventud.

Pasaron los días, pasaron las semanas, pasaron los meses. Los pastores regresaron a Extremadura, los mieleros a la lacaría, el alcalde se peleó con el cura causante del bulo, el apeadero perdió sus bombillas, sólo el viejo vigía seguía esperando.

Hasta que un día mesándose la hirsuta barba de meses suspiró.

–Señor, ¿dónde estás?

Y oyó una voz cariñosa:

–Aquí contigo

–Pero, ¿desde cuando, Señor?

–Desde que empezaste a desear que llegara…

2.- Buscamos a Dios fuera cuando lo llevamos adentro. Adviento no son colgantes de bombillas de balcón a balcón, como las del apeadero. Adviento es interioridad. Es esperar con anhelo. Es salir al encuentro de alguien muy querido, de ese único alguien que desde el momento que le deseamos ya está con nosotros. Aun antes de desearle ya está a la puerta y llama…”y si alguien me oye y abre entraré y comeré con el él. Eso es Adviento.

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5 thoughts on “78.- Adviento, tiempo de espera y de esperanza (Parábola de José Luis Martín Descalzo, contada por José María Maruri, SJ)

  1. Sr. Deán:

    Me encanta la imagen de la Virgen embarazada. Como madre de cuatro hijos, espléndidos por cierto, he pasado bastantes meses embarazada. Es una época preciosa para una madre, a la espera de su hijo. ¡Cuántas veces habré intentado imaginar lo que sentiría nuestra Madre a la espera del Redentor! supongo que las palabras del Magnificat “el Señor hizo en mí maravillas” tendrán algo que ver con ello.

  2. Muy buena idea la del padre José luis, en contar el sentido del adviento al estilo de Jesús :con una parábola.Gracias por darnósla a conocer.Con tu permiso voy a copiarla y a enviarla por correo a mis contactos, citando la dirección de este blog y el autor de la parábola.El señor va a tocar muchos corazones que como el viejo vigía se anime a preguntarle ¿Dónde estás Señor?
    Mis salusos:María Luisa Braconi
    http://getnezaret3.wordpress.com

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